OPINIÓN

        EL CINE NO ES COMO UN DEPORTE O UNA SIMPLE TRANSICIÓN DE IMÁGENES


         Por Jacobo Palomo Martín, 1º C de Bachillerato.

El gran dictador. Fuente: Wikipedia.
         Vivimos en una sociedad donde la actividad más consumida por los españoles es el fútbol. Tal y como decía  Borges, escritor argentino fallecido en 1986, el fútbol es popular porque la estupidez es popular; no es un insulto sino una advertencia de lo dañino de este deporte, en el que las personas pueden llorar de felicidad o incluso matar porque su equipo no ha metido la pelota en la portería.  Mi motivación reside en la necesidad de mantener las viejas costumbresque ahora se ven despreciadas por la mayoría de la juventud.

         En la actualidad, en plena era informática no sabemos observar lo que verdaderamente importa, s que máquinas necesitamos humanidad (El gran dictador, 1940), y a veces nos hace falta un pequeño empujón para verlo. Pero, ¿quién es el que nos ayudará a ver las cosas distintas? El cine lleva arraigado a nuestra cultura no mucho tiempo, 124 años han pasado desde que los hermanos Lumière patentarán su “cámara”; y acaso no nos sentimos de otro modo al salir de una sala de cine: hemos llorado, hemos empatizado con el protagonista y más de una vez hemos querido hacer que un personaje desapareciera. En cada película se esconde un valor más allá del paso de una imagen a otra, una moraleja que nos ayuda a actuar mejor en nuestras vidas o saber apreciar la belleza oculta. Dada la dureza del mundo, debe ser el cine nuestro padrino.Una historia de amor a la altura de La Forma del Agua, en la que verdaderamente una mujer se enamora de una bestia. Una comedia como 8 apellidos catalanes para ver qué a pesar de las diferencia entre comunidades, el respeto debe imperar. O una obra de terror como El exorcista para mostrarnos los síntomas de que tu hija está en plena adolescencia.

The Globe Theatre. Fuente: Flickr

      Por otro lado, no nos debemos olvidar del teatro, un gran amigo del cine. Todo actor ha pasado por una obra de teatro antes de lanzarse al estrellato, e incluso otros actores prefieren este al séptimo arte. Porque la vida a veces es un escenario donde hombres y mujeres solo somos unos pobres actores (Shakespeare, 1564-1616). ¿No son dos formas parecidas de ver el mundo? No olvidemos que grandes películas como Casablanca (1942) o Mamma Mia (2008) se basan en obras de teatro anteriores. Esa confluencia es primordial a día de hoy, y es necesario mantenerla.

         Según datos del INE tanto el cine como el teatro incrementaron su asistencia en 2017, siendo este último de un 22,1%. Pero si cualquiera de nosotros asiste a una representación no nos encontraremos ni a un 25% de jóvenes a menos que sea una producción en Gran Vía. Pese a los intentos de los gobiernos o ayuntamientos para atraer a un público más diverso a estos eventos, no logran llegar a su objetivo. Por ello al preguntar a la mayoría de los jóvenes: “¿Por qué no vas al teatro?, este responderá “Porque no voy a ir a algo que no me gusta; lo que habría que decirles es si acaso sus padres lo han llevado alguna vez al teatro, al igual que seguimos escuchando al mismo cantante que desde pequeño ponían en la radio o seguimos siendo aficionados del equipo de fútbol de nuestra familia, las cosas cambiarían si una parte de la educación a las nuevas generaciones, nuestro futuro, a lo que verdaderamente importa. Los contra argumentos que nos podríamos encontrar serían simplemente el precio exorbitante de las entradas de cine o de una función que rondan los 22; por ello es necesario mostrarles que en comparación con los sueldos millonarios de los jugadores de fútbol, los actores expresando sus sentimientos o mostrándonos una faceta irreconocible en ellos no llegan a cobra tal cantidad por una función. ¿Y qué cuesta más entrenar todos los días o expresar nuestros sentimientos a otras personas?


EL DIR: UNA NUEVA E INÚTIL CARRERA DE OBSTÁCULOS

Por Rafael Ángel Rodríguez Sánchez, profesor de Filosofía.

Tras 28 años como profesor de instituto, observo con tristeza que el pacto por la educación se va a reducir finalmente a … un MIR para profesores. Lo llaman “carrera profesional”.
Fuente: Flickr

No he encontrado a ningún docente de secundaria, y he hablado con muchos, que no se muestre escéptico, cuando no beligerante, respecto a esta nueva propuesta, que sigue dejando en el aire el gran reto de los institutos, esto es, cómo ayudar esos dos-seis alumnos por aula (depende del grupo y de la zona) que, sin motivación alguna y graves problemas familiares y psicológicos (y … nada que temer), van tristemente a la deriva e impiden en muchos casos a sus compañeros el legítimo derecho a ser educados.

La supuesta respuesta a este complejo problema, que requeriría de un cambio de planteamiento en horarios, materias e incluso profesionales especializados, es esta nueva “niña bonita” de los políticos: el DIR. Es perfecta, pues abarata salarios, esparce la sospecha de que el gran actor del fracaso escolar y los malos resultados del PISA es el profesor y, lo más importante, es vistosa para el telediario ¡casi todos los partidos pugnan por atribuirse su paternidad! No lo dudemos: este DIR (acostumbrémonos ya a sus siglas) llegará y, bajo amenaza, obligará a los aspirantes a profesores a pasar dos años intentando asimilar unas exigencias diseñadas por la pedagogía de despacho, a la que no se niega aquí su buena intención pero sí algo básico: la experiencia directa de la que sacar y en la que comprobar sus hipótesis.
Fuente: Wikimedia Commons

Las comisiones de “expertos”, instalados siempre a una señorial distancia de la brega diaria con el adolescente, elaborarán un plan para adoctrinar en el nuevo mantra pedagógico, ese que dice que el sistema educativo no debe dar rancho para todos y que cada profesor debe  atender de modo diferente (pero, curiosamente, a la vez y en la misma clase) a cuatro, cinco o más tipos de alumnos. Y para ello, ahí va la colección de remedios mágicos: adaptaciones curriculares, evaluación por competencias, atención a la diversidad, rúbricas, informes, inteligencia emocional, … bien, los opositores   tragarán, como lo hacen con el actual máster (ese que venía a remediar los males de la educación) pero, no lo duden ustedes, mientras se sigan diseñando vestidos de alta costura, tan bonitos como irreales, ninguneando la opinión de los profesionales del sector, los resultados seguirán siendo los mismos.