NÚMERO 1


REVISTA IES ISBILYA

Editado en Sevilla por IES Isbilya

       ISSN: 2659-5044

        Número 1. Julio de 2017

SECCIÓN 1. PRESENTACIÓN

Este espacio en Internet supone para nosotros, las personas que integramos el IES Isbilya en Sevilla, una nueva opción de dar a conocer algunas reflexiones, puntos de vista y curiosidades, que queremos compartir con los demás.

La revista pretende ser un espacio informativo y también formativo, ya que, las personas que se encargan de hacer de este rincón algo dinámico y lúdico, no son otras que el propio alumnado, asesorado y animado por el profesorado del instituto.

Te animamos a que pasees por cada una de nuestras secciones, que colabores si te apetece, que nos busques para darnos información que consideres relevante publicar en nuestra revista, porque esta revista es de todos y para todos.

Te dejamos con algunas frases, a ver si adivinas qué famosos pensadores las dijeron:
“La lectura hace al ser humano completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso”.
“Escribir es la manera más profunda de leer la vida”.
 “La escritura es la pintura de la voz”.
“No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se dicen”.

Así pues … ¡ánimo! Este es un primer paso en la revista y esperamos que, con sucesivos números, la publicación vaya madurando en cantidad y calidad. Disfruta con la lectura y si quieres participar, en nuestro buzón de sugerencias puedes dejar cualquier información. Dicho buzón es:

revista.ies.isbilya@gmail.com.





REVISTA IES ISBILYA

Consejo de Redacción:

Alumnos:

- Chloé Fernández Saje. Sección de Francés.
- Emma Manzanera Solana. Sección de Yo estuve en el Isbilya.
- María Pablo Montalbán. Sección de Juegos, pasatiempos y humor.
- María Vázquez Ortego. Sección de Opinión.
- María Zambrano García.  Sección de Ciudades del mundo.
- Marina Ramírez Alejandre. Sección de Sevilla.
- Marta Almuedo Cózar. Sección de Inglés.
- Mercedes Vega Gallo. Sección de Concurso literario.

         Profesores:

- Don Emilio Fontanilla Debesa.
- Don Miguel Ariza Fernández.
- Doña Agustina Arancón Pérez.
- Doña Beatriz Ubago Molina.

         Dirección
:

- Rafael Ángel Rodríguez Sánchez.










SECCIÓN 2. OPINIÓN

PASEMOS PÁGINA: EL SUTIL ARTE DE HOJEAR.
POR SALVADOR LEÓN NAVARRO. 2º DE BACHILLERATO.

¿Por qué he de creer que una tableta con letras en su interior es un libro? ¿Por qué he de creerlo? Millones son las personas que a día de hoy se suman a la moda (esperemos que pasajera) del e-book o libro digital: un artefacto por todos conocido que presume de poder guardar en su interior multitud de obras. Este invento ha sido promocionado como una nueva y revolucionaria manera de entender la lectura, pero ¿realmente entiende la lectura quien está dispuesto a abandonar el papel en favor de estas tabletas con pretensiones de libro?

Es cierto  que el ahorro de espacio es más que evidente, pero el precio a pagar es demasiado alto. Con la llegada del e-book despojamos de cualquier tipo de solemnidad a cualquier obra que la merezca, especialmente a los grandes clásicos y tomos de grandes volúmenes que, si algún día fueron escritos para poblar de manera orgullosa la estantería de un ilustre lector, hoy se ven reducidos a un volumen no mayor que el de la profundidad de un charco, al alcance de cualquiera que pueda creer que Guerra y Paz cabe en el bolsillo de una chaqueta.

El e-book es una simulación del libro que poco conserva de la esencia del mismo: se lleva consigo el cada vez menos frecuente sonido del hojeo, el olor a papel nuevo, o antiguo, y hace del arte de pasar páginas en una edición impresa el miserable gesto de pulsar en extremo de la pantalla. Leer una obra en formato digital y decir que se ha leído es el equivalente a decir que nos hemos montado en una nave espacial tras bajarnos de una montaña rusa.

Obviando el hecho de que nuestro cerebro prefiere el papel, ya que la fijación del contenido es mayor si la información se encuentra redactada en él, otro inconveniente del e-book es la cantidad de puertas que abre a la descarga ilegal. Leer tiene su precio y siempre deberá tenerlo, pero la triste realidad nos dice que la Literatura se ha visto pervertida y convertida en un mar de piratas como ya ocurrió con la Música o el Cine. Entre sus desventajas también se encuentra su increíble fragilidad: ¿Dónde quedarán los libros que el lector digital dice poseer cuando su nuevo juguete se golpee, averíe o caiga en la trampa de la obsolescencia programada?

Hay quienes, como excusa, utilizan el precio de los libros en papel para justificar su paso al marco digital, sin recordar que existen tanto bibliotecas en las que los libros están al servicio de todo el  que lo necesite, como librerías sumamente económicas, donde incluso a veces podemos encontrar verdaderas joyas de segunda y primera mano que apenas pasan del euro.

Quien lee en e-book parece no querer leer, parece obligarse, camuflando el texto con la última chuchería tecnológica e intentando ocultarse a sí mismo que lo que hace es leer un libro, ¿por qué? Tal vez porque la idea de libro quede para ellos obsoleta, como si de un adorno antiguo y desfasado se tratase. Quien lee en e-book parece no querer ni saber leer, ya que si realmente quisiera o supiese, preferiría leer en papel.


Nuestra realidad se desenfoca por el impacto deslumbrador de los LED de las pantallas  a las que, aunque tanto debemos, nos quitaron (y parecen seguir quitándonos) tanto, creando un camino confuso y distorsionado de manera infame. En nuestro presente, en el que la conquista digital es una realidad más que evidente, sólo queda esperar que el romanticismo impreso en el papel persista frente a la insulsa industria de la realidad pasada por el filtro de la pantalla. Mientras tanto hojeemos, y disfrutemos del cada vez más extravagante placer de la lectura entregándonos al universo que nos ofrece cada libro,  dispuestos a pasar página si estas son de papel.


SECCIÓN 3. CONCURSO LITERARIO

XXVI CONCURSO LITERARIO DEL I.E.S. ISBILYA. CURSO 2016-2017.

CONCURSO LITERARIO: PRESENTACIÓN
POR MERCEDES VEGA GALLO. 3º DE ESO.

Bueno, ¿a qué esperamos? Démosle comienzo a nuestra sección de concurso literario. Pero, primero de todo, ¿sabéis de lo qué estamos hablando? 
Sí, exacto, eso es, de la literatura ni mucho menos. Todos sabemos las posibilidades de imaginación y originalidad que nos ofrece para hacer de las más interesantes, personales y divertidas composiciones. Es, digámoslo así, un mundo aparte donde todo el mundo es libre y tiene esta libertad para expresarse acorde con sus pensamientos, emociones, sensaciones... Sin embargo, esta vez no estamos para contemplar multitud de opciones en campos distintos. El jurado se nos presenta con nuevos retos y nuestros "pequeños escritores" están dispuestos a darlo todo y a dejar paso a una fuente de personalidad y creación increíbles. Personalmente, un trabajo excepcional el realizado y marca de una literatura llena de vida y profundidad que siempre será recibida con los brazos abiertos. Como decía Cervantes: "El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho."
Pues, ya con lo mencionado, adentrémonos un paso más allá sobre cómo han tenido que elaborar dichas composiciones. 
En primer lugar, dependiendo del curso a seguir:
• 1º y 2º ESO: Los de primer curso han tenido que trabajar sobre el retrato de un personaje real o ficticio mientras que los de segundo se han ocupado de realizar un relato de ficción real en el que algún elemento mágico intervenga en el desarrollo de la vida real.

En este ámbito se han proclamado ganadores:
-1er premio: Miguel Caro Torregrosa (2º ESO B)
-2º premio: Rubén Bastos Aliaga (1º ESO A)

• 3º y 4º ESO: Los de tercer curso han tenido que hacer una pequeña narración a partir de uno de los motivos fantásticos de la narrativa árabe tradicional que aparecen en el apéndice de La espada y la rosa, uno de los libros que han estado leyendo a lo largo del curso. Por otro lado, los de cuarto se han tenido que manejar dentro del universo del terror originando un relato, más bien, para asustarse.

En este ámbito nos encontramos como ganadores:
-1er premio: Mercedes Bolaños Sevillano (4º ESO B)
-2º premio: Santiago García Callejo (3º ESO B)
-Mención honorífica: Violeta Díaz Recio (3º ESO B)
• Bachillerato y ciclos F.P.: Ambos han estado en manos de la poesía cuyo tema era a elección del escritor, en otras palabras, libre.
En este ámbito los ganadores han sido:
-1er premio: Gabriel Ferreras Garrucho (2º BACH. A)
-2º premio: Julia Benítez Martín ( 1º BACH. B)

Aquí os dejamos los trabajos ganadores.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: PRIMERO Y SEGUNDO DE ESO.
PRIMER PREMIO: MIGUEL CARO TORREGROSA. 2º DE ESO. 

El señor y la señora Smith podían presumir de tener una vida feliz, una casa magnífica en Nueva York, concretamente en el número 4 de la Quinta Avenida, y dos hijos llamados Edward y Caroline, los cuales eran mellizos y tenían catorce años.
         El señor Smith, como cada día, fue a trabajar a la fábrica de electrodomésticos en la que llevaba dieciséis años trabajando. Todo transcurrió con normalidad durante la mañana de aquel 26 de mayo, hasta que el señor Mathews, su jefe, lo llamó a su despacho.
-¿Ocurre algo, señor Mathews? –dijo nervioso el señor Smith- ¿He hecho algo mal?
-Para nada, Walter, eres uno de nuestros mejores trabajadores, precisamente por eso estás aquí, he decidido inaugurar una nueva fábrica en Chicago, me encantaría que fueras el director.–dijo satisfecho el señor Mathews.
-Eso sería un honor, señor, pero no puedo, no estoy en una buena situación económica para comprar una casa en Chicago, además mis hijos tienen aquí a sus amigos y son muy felices. 
-No te preocupes, yo te proporcionaré una magnífica casa y pagaré el mejor de los colegios de Chicago para tus hijos, seguro que allí encuentran nuevos amigos. Hablemos de tu nuevo sueldo, si es que aceptas. 
-¿De cuánto estaríamos hablando? –preguntó interesado el señor Smith.
-53 000 dólares al mes, ni uno más, ni uno menos. ¿Aceptas? 
-Lo hablaré con mi familia, mañana a primera hora le comunicaré mi decisión. Muchas gracias. 
-Adiós, Walter. 
El señor Smith fue hacia el aparcamiento, entró en su coche, un Mercedes-Benz que le regaló la empresa hacía ya un año por sus 15 años de servicio, arrancó el coche y fue directo a su casa.
-Cariño, Edward, Caroline, ya estoy en casa, tengo que hablar con vosotros –dijo el señor Smith en un tono muy serio.
-¿Qué pasa, Walt? –preguntó interesada la señora Smith.
-El señor Mathews va a abrir una nueva fábrica en Chicago, y quiere que yo sea el director, me va a proporcionar una casa allí y pagará el colegio para nuestros hijos, quería saber vuestra opinión antes de aceptar –dijo el señor Smith.
-¡ME NIEGO ROTUNDAMENTE! –dijo enfadado Edward.
-¡PAPÁ, NI SE TE OCURRA ACEPTAR! –dijo igualmente enfadada Caroline.
        -¿Cuánto cobrarías? –preguntó la señora Smith.
-53 000 dólares...
        -¿Al año? –le interrumpió la señora Smith.
        -53 000 dólares al mes. –dijo alegremente el señor Smith.
        -Dios mío, Walter, eso es fantástico, debes aceptar. –dijo la señora Smith muy contenta.
        -Dejemos que decidan los niños –dijo el señor Smith, mirando a los mellizos.
        -Está bien –exclamaron ambos dándose cuenta de la situación.
        A la mañana siguiente, Walter Smith fue más decidido que nunca a la fábrica para comunicarle al señor Mathews su decisión.
        -Hola Walter, ¿qué tal? ¿Has tomado una decisión? 
        -Sí, señor Mathews, he decidido aceptar su oferta, le agradezco muchísimo el haberme brindado esta tan buena oportunidad. 
        -Bien, aquí tienes todos los detalles, –le entrega un sobre de color azul violáceo- dirección de la casa, las llaves de esta, matrículas para el nuevo colegio de tus hijos y otras direcciones y teléfonos que necesitarás también. Ah, se me olvidaba, también están los billetes de avión, de primera clase por supuesto. Te irás la semana que viene, así tendrás la oportunidad de despedirte y dejar todo en orden.
        -Muy bien, señor Mathews, gracias por todo.
        Walter fue a la que durante dieciséis años había sido su oficina y abrió el sobre. En él encontró un papel con la dirección de la casa y las llaves, dos sobres más pequeños que Walter supuso que eran las matrículas de sus hijos, un papel en el que venían direcciones de centros comerciales, restaurantes, supermercados y otros puntos de interés y finalmente un papel en el que aparecía el teléfono de la policía local de Chicago, bomberos y emergencias; todo estaba muy bien ordenado y Walter se preguntaba cómo habían cabido tantas cosas en aquel sobre.
              A la semana siguiente, la familia Smith ya tenía todo preparado y todos estaban listos para irse. Fueron en taxi al aeropuerto; a las cinco y media de la tarde despegó el avión y cuatro horas y veinte minutos después llegaron al aeropuerto de Chicago. Allí les esperaba un coche, que les llevó hasta las afueras de la ciudad, donde estaba su nuevo hogar. Quedaron asombrados con la casa: era una casa enorme de dos plantas, cuatro baños, dos cocinas, dos comedores, doce habitaciones y un salón gigantesco con una televisión que ocupaba casi toda la pared.
        -Dios mío –exclamó Walter.
        -Es enorme –añadió su esposa.
        -¡Es la mejor casa del mundo! –dijo Edward.
        -¡Increíble! –terminó Caroline.
        -Vamos a explorar un poco la casa –dijo Edward.
        -Yo te acompaño, Ed, que mamá y papá se encarguen de deshacer las maletas, que nosotros en principio no queremos estar aquí –dijo en tono contundente Caroline.
        Los dos hermanos fueron de habitación en habitación, empezando por la planta de arriba, fijándose en cada detalle de aquella magnífica casa que parecía de película de Hollywood. Todo era normal hasta que se fijaron en que bajo las escaleras había una puerta que aparentemente llevaba a una alacena.
        -¡Ahí va! ¿Entramos? –dijo Edward.
        -No creo que sea una buena idea, seguro que no hay nada bueno ahí dentro, como dice el refrán, la curiosidad mató al gato –añadió Caroline.
        -¡Eh, que a mí no me ha matado la curiosidad! –dijo una voz desde el otro lado de la puerta.
        -¿Has…has oído eso, Caroline? –dijo atemorizado Edward.
        -Claro que lo he escuchado, entremos a ver lo que hay dentro -dijo en tono serio Caroline.
        Abrieron la puerta muy despacio y entraron. En aquella alacena había muchas telarañas y chismes que parecían de dos o tres siglos atrás. Miraron de lado a lado y no vieron a nadie.
        -Habrá sido nuestra imaginación, aquí no hay nadie –dijo Edward aliviado.
        -No tenemos las mentes conectadas, Edward, aquí tiene que haber alguien –le contestó Caroline.
        -La chica tiene razón, no ha sido vuestra imaginación, he sido yo –dijo la misma voz de antes.
        -¿Y tú quién eres y que haces en nuestra casa? –dijo enfadado Edward.
        De repente, un gato salió de detrás de un armario y, sorprendentemente, habló.
        -¿Cómo que vuestra casa? Esta es mi casa –dijo el felino.
        -¡Caroline, el que hablaba era un gato! ¿Cómo puede ser posible? –dijo Edward.
        -No lo sé, Ed, pero esto es muy raro, si se lo decimos a mamá y a papá pensarán que estamos locos –dijo muy seriamente Caroline y su rostro se volvió pálido.
        Los chicos le contaron al gato todo lo ocurrido la semana anterior para ver si tenía una explicación.
        -A ver, os lo voy a explicar: hace treinta y cuatro años, John Mathews, el jefe de vuestro padre que en aquel entonces era un niño de doce años, me compró en una tienda de animales a unos dos kilómetros de aquí. John siempre estaba solo y no tenía amigos, así que su padre, que era un reconocido científico, decidió alterar mi ADN para que tuviera cualidades humanas, es decir, poder hablar y tener la misma esperanza de vida que ellos. John era muy bueno conmigo, sin embargo, dos años después, el padre de John murió de un terrible cáncer de pulmón, y fue entonces cuando John y su madre se mudaron a Nueva York y me abandonaron aquí. En ese momento aprendí que los humanos eran los seres más crueles del planeta. Ayer, treinta y dos años después, entraron humanos en esta casa, trajeron muebles y aparatos electrónicos y por eso me escondí aquí en la alacena –dijo el gato en un tono muy serio.
        -¿Y de qué te has estado alimentando todos estos años? –preguntó Edward.
        -De ratas y arañas. Ha sido horrible, pero era más fácil que salir a la calle y buscar humanos buenos que me adoptaran –respondió tristemente el gato.
        -Qué maleducados somos, no te hemos preguntado tu nombre –dijo Caroline.
        -Ya no recuerdo mi nombre, he estado demasiado ocupado en sobrevivir –añadió el gato.
        -Está bien, entonces nosotros te pondremos un nombre, ¿qué te parece Oliver? –dijo Edward.
        -Dejemos que él elija su propio nombre, Edward; al fin y al cabo puede hablar –dijo enfadada Caroline.
        -No tienes derecho a regañarme, Caroline, solo naciste tres minutos antes que yo –dijo igualmente enfadado Edward.
        -Me gusta Oliver, muchas gracias Edward –dijo contento el gato.
        -Muy bien Oliver, te tendremos en secreto, pues tanto nuestro padre como nuestra madre son alérgicos a los gatos. Te traeremos comida y pasaremos un rato contigo todos los días –dijo Caroline.
        Al día siguiente, el señor Smith tuvo su primer día como director de la nueva fábrica de electrodomésticos y los chicos fueron por primera vez a su nuevo colegio. 
        -¡Ya está la comida! –dijo efusivamente el señor Smith.
        Todos se sentaron a la mesa.
        -¿Qué tal vuestro primer día de colegio, chicos? –preguntó la señora Smith.
        -Quitando que el señor Schreider, el profesor de química, ya me odia, ha estado bien –dijo Edward.
        -Es que se dice hidrógeno, no hidrogeno, normal que se enfade –dijo con tono burlón Caroline.
        -Pues debería enfadarse contigo por ser una sabelotodo insufrible –dijo muy enfadado Edward.
        -Venga, chicos, relajaos –dijo con suavidad la señora Smith.
        -¿Cómo va lo de buscar trabajo, Molly? –preguntó interesado el señor Smith.
        -He echado varios currículos, pero tampoco hay prisa –respondió la señora Smith.
        -Mi primer día también ha ido bien, mucho papeleo pero estoy muy contento –dijo el señor Smith.
        Caroline y Edward hicieron las paces por su pelea en la comida y fueron a buscar comida para Oliver.
        -Oliver, ya estamos aquí, te traemos comida y agua –dijo Edward.
        -Muchas gracias, llevaba años sin llevarme comida buena a la boca, me encanta la comida humana, la de gato sabe fatal –dijo Oliver llevándose un trozo de pan a la boca.
        -De nada, a partir de ahora todos los días podrás comer comida de verdad –dijo Caroline con una sonrisa en la cara.
        Durante las siguientes tres semanas Caroline y Edward le llevaron comida y agua a Oliver.
        -Hola, Oliver, te traemos la comida de hoy –dijo Caroline.
        -Chicos, tenéis que llevarme a Nueva York, quiero hablar con John Mathews –dijo muy seriamente Oliver.
        -¿Estás loco? ¿Cómo quieres que te llevemos allí? –dijo Edward.
        -Decidle a vuestros padres que queréis ir a ver a vuestros antiguos amigos, les dará pena y os llevarán un fin de semana, también tendrán algo que hacer allí –dijo con seguridad Oliver.
        -Lo intentaremos –dijo Caroline con esperanza.
        Al día siguiente, los chicos fueron a comunicarle a Oliver una muy buena noticia.
        -¡Oliver! ¡Prepárate! ¡Nos vamos a Nueva York! –gritó Edward muy contento.
        -Supongo que no podré viajar en el avión con vosotros, así que iré en una de vuestras maletas, sé cómo burlar el control de equipaje –dijo Oliver muy decidido.
Esa misma noche llegaron a Nueva York y al día siguiente el señor Smith decidió ir a ver a su jefe.
        -¡Vamos contigo, papá, también queremos agradecerle al señor Mathews su amabilidad! –gritó Edward.
        Llegaron al despacho del señor Mathews y Edward abrió la mochila en la que llevaba a Oliver. El gato salió de la mochila y en un abrir y cerrar de ojos se transformó en un hombre de unos setenta u ochenta años.
        -¿Papá? ¡Estás vivo! –dijo el señor Mathews mientras una lágrima caía por su mejilla.
        -Sí, ahora que estoy en los últimos momentos de mi vida, quería verte por última vez. Creo que les debo una explicación a estos chicos. Cuando era científico, me transformé a mí mismo en gato, no alteré el ADN de ningún gato, pero al ver a mi hijo sumido en la soledad, me transformé en gato para poder pasar más tiempo con él y poder ver de nuevo en su cara la felicidad –dijo el anciano sonriente, y tras esto, falleció en paz.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: PRIMERO Y SEGUNDO DE ESO.
SEGUNDO PREMIO: RUBÉN BASTOS ALIAGA. 1º DE ESO.

EL HOMBRE AUTÓTROFO

        James era un hombre que hacia la fotosíntesis. Sus pelos eran hojas, su tallo era el cuerpo, en vez de tener venas tenía vasos conductores, su sangre era savia bruta y sus uñas eran raíces. Por lo demás era igual que un hombre. No daba frutos ni tenía flores.
        Sus células eran mezclas de las de plantas y personas; eran eucariotas y estaban compuestas de: núcleo, aparato de Golgi, vacuola, membrana plasmática, cloroplastos, mitocondrias...
        Yo personalmente no lo conocí, pero la gente me decía que era muy buena persona y simpático. Era muy alto y delgado, medía un metro con noventa y cinco y pesaba unos cincuenta y cinco kilogramos. Desde el punto de vista femenino dicen que era feo y su color de piel era normal, con un pequeño tono verde.
        Debido a que tenía cloroplastos, se nutría con la fotosíntesis. Se relacionaba como una persona normal y corriente. Y su respiración también era igual a la de las demás personas.
        Tenía el color de sus iris de color verde debido a que era mitad planta; sudaba por el pelo y conseguía las sales minerales quitándose los calcetines y clavando las uñas en la tierra y absorbiendo. De la misma manera bebía agua. Era muy listo y resistente al fuego.
La gustaba tomar el sol, aunque no mucho tiempo porque se deshidrataba. Se reproducía asexualmente mediante esporas.
        La piel era de madera y podía alargar sus extremidades muy rápidamente. Su espacie está en peligro de extinción debido a que quienes los encuentran creen que son monstruos y los matan.
        Él no se casó jamás, pero tuvo cinco hijos debido a que se reproducía asexualmente. Su especie es más nueva que los humanos y son aproximadamente del cuarenta mil antes de Cristo. La especie se llama “Annihilation’’.
        Murió el veinticinco de mayo del año pasado a manos de la especie más enemiga: las termitas.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: TERCERO Y CUARTO DE ESO.
PRIMER PREMIO: MERCEDES BOLAÑOS SEVILLANO. 4º DE ESO

ALGUIEN MÁS

        Cuatro menos diez de la mañana. Siempre me despertaba a las cuatro menos diez de la mañana. No sé cuándo comenzó, solo sé que se convirtió en una especie de hábito.
        Una de las noches, siguiendo mi rutina nocturna habitual, me levanté para saciar mi intensa sed. También apreciaba una notable presión en mi vejiga, pero tengo un sexto sentido que me hace reacia a ir al baño en plena noche, así que me dirigí directamente a la cocina. Busqué un vaso, lo llené hasta el borde y justo cuando fui a dar el último sorbo, el vaso simplemente se escapó de mis manos y se estrelló contra el suelo, provocando un fuerte estruendo y una lluvia de cristales rotos.
        No, no se resbaló, alguien me lo arrebató, pude sentirlo claramente pero ¿qué sentido tenía pensar en eso? Creo en algunos fenómenos paranormales y cosas del estilo pero siempre me ha parecido mejor mantenerme lo más alejada posible de ello, creo que no son asuntos con los que se debería bromear.
        No mentiré, lo del vaso realmente me asustó, pero soy una chica estoica así que mantuve la calma e hice como si nada hubiera pasado. De hecho, no era la primera vez que algo extraño me sucedía.
        Me tomé un momento para meditar sobre todo aquello pero finalmente decidí dejar los trozos de cristal en el suelo, lo sé, soy una perezosa, pero ya los recogería mañana, solo esperaba que a nadie se le ocurriera ir a la cocina durante la madrugada. Mi madre se pondría hecha una furia si se enterase de que había roto uno de los vasos de su preciada vajilla y ahora esta quedara incompleta.
        Regresé a mi habitación evitando mirar hacia el baño. Cómo odio que dejen la puerta abierta; a mis dieciséis años me sigue incomodando esa oscuridad tan intensa que proviene de las habitaciones cerradas a medias. Apreté los puños con fuerza a mi costado y caminé lo más rápido posible, sin mirar atrás. Escuché unos pequeños arañazos provenientes del baño, «tranquilízate – me dije a mí misma – solo es el gato haciendo de las suyas y la oscuridad es simplemente la falta de luz, no hay nada».
        Cada vez comenzaba a inquietarme más y más hasta que, casi sin darme cuenta, llegué a mi habitación. La calidez de mi cuarto me reconfortó en cierto modo pero también hizo que advirtiera la diferencia de temperatura entre mi espacio y el resto de la casa. «El despistado de mi hermano otra vez, seguro que se ha dejado alguna ventana abierta».
        Me metí en la cama, me cubrí con un par de sábanas e intenté conciliar el sueño; ya había tenido suficiente estrés por una noche.
        Dos horas después, un grito procedente de la cocina me despertó. «¡Mierda! Debí recoger esos dichosos cristales.»
        Caminé torpe pero velozmente hacia la fuente del sonido. Los gritos, que parecían ser de mi madre, eran tan estridentes que me sorprendió que nadie se levantara para ver qué estaba sucediendo. Estaba a unos pasos de ella cuando me di cuenta de la exagerada cantidad de sangre que había en el suelo. Me asusté muchísimo y, cuando toqué el hombro de mi madre, ésta dejó súbitamente de gritar.
        Mamá... — me aclaré la garganta, nerviosa — ¿Éstas bien?
        Nada. Solo silencio por su parte.
        Insistí un par de veces más hasta que, temerosa por no recibir respuesta, decidí ponerme frente a ella. Terrible error.  Lo que vi era un cuerpo sin vida. Dos abismos ocupaban el sitio donde habían estado sus ojos y sangre supuraba de su vientre. Su boca formaba una extraña y terrorífica mueca.
        Me quedé inmovilizada por el horror mientras las lágrimas comenzaban a correr por mis mejillas. «¿Cómo habría sucedido esto? Si hasta hacía unos minutos ella profería sonidos de dolor. ¿Quién lo hizo? No, no, no, ¡no! Debe ser una pesadilla, ¡tiene que serlo!» Corrí al cuarto de mi hermano mayor. Necesitaba... no lo sé, algo, quería convencerme de que esto no era real.
        Abrí su puerta con violencia, sin importarme si le despertaba, y me acerqué a su cama. Estaba recostado de lado así que lo giré para que quedara boca arriba. Segundo error fatal. Cuál fue mi desagradable sorpresa al darme cuenta de que le faltaba la mitad del rostro. Su único ojo se mantenía abierto, me miraba fijamente con terror y confusión. Quité las mantas que cubrían su cuerpo para descubrir un espectáculo aún más macabro... Fue asqueroso, le faltaban los dedos de los pies y de las manos, tenía muchas heridas en las piernas y algo, quizás un hueso, salía de una de sus rodillas. Lo único que pude hacer fue alejarme lentamente de allí. Vomité sin control al tiempo que lloraba.
        No quería ir a la habitación de mis padres, seguramente algo macabro estaría esperando a ser descubierto, pero aún así no podía dar nada por sentado, quizá mi padre podría estar aún con vida... quizás podría comprender qué estaba sucediendo allí.
        Salí temerosa de la habitación, pero esta vez había algo diferente. Me sentía... observada. Las estúpidas lágrimas que brotaban de mis ojos no me dejaban ver nada así que tenía que caminar con cautela.
        Para ir al cuarto de mis padres tenía que pasar por la cocina y no quería volver a ver el cuerpo de mi madre, no podría soportarlo. Caminé evitando mirar en aquella dirección, solo alcancé a visualizar un bulto tirado en el suelo. 
        La puerta estaba entreabierta. Miré hacia dentro como pude, entre tanta oscuridad no distinguía nada. Me acerqué un poco más y pude divisar un par de brazos en medio de un charco escarlata: era mi padre. 
        Eso era todo, solo quedaba yo con vida, «¿quién se atrevería a hacerle esto a una familia?, nosotros no teníamos problemas con nadie, no teníamos deudas, no había nada que pudiera explicar el porqué de este ataque tan vil. Pero las cosas no acabarían así, ¿cierto?» Era verdad, no estaba sola en casa, allí había alguien más. Hubiera podido llamar a la policía si tan solo hubiera pagado el saldo del teléfono hace un par de días. «Estoy atrapada. Seré la siguiente». En aquellos momentos no sabía si era mejor seguir fingiendo que estaba calmada o entregarme a la locura que me estaba comiendo por dentro. Estaba aterrada.
        No sabía cuánto tiempo había pasado y ya no podía soportarlo más. Ruidos llegaban a mis oídos de todas partes, voces incomprensibles me pedían hacer cosas innombrables, tenía arañazos en la piel, no sabía quién estaba haciendo aquello, estaba... al borde de la locura. «¿Por qué aún no amanece?»
 «Tengo que huir, tengo que hacerlo, de lo contrario perderé la cordura que me queda aquí.»
        No puedes escapar de aquí.
        Una voz femenina rompió el silencio que reinaba en la sala. «Es ella»
        ¿Quién eres?, ¿qué quieres de mí?, ¿por qué lo hiciste?
        Silencio. Seguí cuestionando pero esa voz no respondía, parecía como si se hubiera ido, pero seguía allí, mi instinto me lo decía. Estaba presa del pánico, nerviosa, llena de desesperación, hasta que una idea cruzó por mi mente. «Aún me queda una salida.»
        ¿La muerte? Ni en el infierno te librarías de mí. — Rió la voz de forma diabólica — Pero anda, puedes intentarlo, tu desesperación me divierte.   
        ¿Por qué sigo con vida?, si vas a matarme hazlo de una vez — mi voz se quebró — ¡Por favor!, por...favor, n-no puedo más... 
        De repente, sentí cómo unas garras invisibles desgarraban mis brazos, me empezaba a desangrar. Estaba llegando a una especie de éxtasis, aquella era mi salvación y creía que todo acabaría allí pero justo en ese momento ella se reveló. La ira se apoderó de todo mi ser. Quería darle un puñetazo, quería hacerlo por toda mi familia, pero ella detuvo mi mano.
        No sabes lo que estás haciendo — me susurró de forma demoníaca.
        Esas palabras me erizaron la piel. Aterrada, corrí lo más lejos que pude. Mi hora había llegado. Tenté a la suerte. Podría haber escapado de la insania que prácticamente ya se había apoderado de mí si no fuera por mi estúpido impulso vengador. 
        Alargué mi tortura encerrándome en el baño, que era el refugio más cercano. Encendí la luz, algo estúpido teniendo en cuenta lo que se avecinaba. En la bañera había una pierna, supuse que de mi padre y, junto a ella, el cuerpo de mi gato, sin pelaje ni piel; el músculo estaba a la vista y le faltaban todos los dientes.
 Esa fue la gota que colmó el vaso. Lo poco que me quedaba de calma y de cordura se esfumó. Me perdí a mí misma entre gritos, lágrimas, sangre y vómito.
        Cerré los ojos.
        Se escuchó como si golpearan una ventana. Miré a todos lados, parecía que aún no me había ido del todo, aún estaba consciente. El ruido se escuchó otra vez, venía del espejo que estaba sobre el lavamanos. Una lluvia de cristales saltó sobre mí, alguien se asomó por el espejo roto y me miró fijamente con una sádica sonrisa. Era yo.
        ¿Al fin lo recuerdas?
   ¿A qué te refieres?... — contesté como si aquello fuera lo más normal del mundo.
        A lo que hiciste.
   ¿Qué hice?
   Matarlos — dijo extendiendo los brazos y señalando el macabro desastre que reinaba en la casa.
   Yo no he hecho nada, fuiste tú.
        Yo soy tú, pero tú no eres yo. Soy la peor parte de ti, tu lado oscuro. ¿Ya has olvidado cómo disfrutaste matándolos?
        Era cierto. Ella, mi reflejo, tenía razón. Había olvidado cuánto me divertí jugando con ellos. Sobre todo con el imbécil de mi hermano, ya era hora de devolverle el favor. Aún recuerdo su cara cuando me vio entrar en la habitación con el cuchillo. –Una risa histérica brotó de mi garganta y rompió el silencio sepulcral que inundaba la casa. - Sus gritos fueron la mejor sinfonía que he oído jamás, incluso se disculpó por todas esas veces que, siendo niña, me asustaba con historias y juegos estúpidos. Ja, como si eso lo fuera a salvar.
        Mis padres también obtuvieron su merecido, por supuesto. Nunca llegaron a llamarle la atención a mi hermano ni una sola vez, se limitaban a mirarse entre ellos, riendo y diciendo “cosas de niños”. Por no hablar de lo que me hubieran hecho si les hubiera dejado con vida, no podía permitir que se fueran de rositas; habían visto demasiado, habían visto a mi verdadero yo. Y claro, una vez muertos, no pude resistir la tentación de jugar a mi juego favorito. El único inconveniente es que toda la casa ha acabado llena de sangre y algunos miembros repartidos por ahí, pero mereció la pena. Al gato tan solo lo desollé por mero ocio, estaba aburrida. Pero, con algo tenía que practicar, ¿no?
        Mi reflejo jamás me ha mentido, fue el único que siempre me apoyó. Agradezco sus consejos, ya que no podría haber hecho todo esto sin ella. Y no, no me arrepiento, no nos arrepentimos de nada, es más, si tuviéramos la oportunidad, lo repetiríamos sin dudarlo. Esto es lo más divertido que he hecho en mi vida. Antes era una persona normal, una niñata aburrida y sensible que no era consciente de todo lo que escondía. Pero eso ha cambiado. Ahora soy alguien más.
Arianne Battlewright.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: TERCERO Y CUARTO DE ESO.
SEGUNDO PREMIO: SANTIAGO GARCÍA CALLEJO. 3º DE ESO .

EL ESPÍRITU DE LOS BOSQUES

        En un reino llamado Sameralia, había una leyenda relacionada con un extraño caballero que llegó a una taberna una cálida noche de verano del año de nuestro Señor de 1078.
        Todo empieza cuando aquel misterioso caballero entra en una taberna y se sienta a una mesa alejada y con gran oscuridad; las miradas le caen encima como un halcón sobre su presa. De repente, el tabernero le pregunta:
        - ¿Qué… qué hace por estos lares?
        - He venido a esta taberna para comer, beber y descansar del viaje desde Manfredinia hasta esta tierra de Sameralia- contestó el misterioso caballero.
El tabernero insiste en su curiosidad, pero el caballero, con un mohín en su cara, no le responde; ante esto, los presentes se levantan con los puños en alto, con claras intenciones de pegar al descortés visitante. Conforme se iban acercando sus nuevos amigos, el caballero grita:
        - ¡Stabant Autem Tempore!
        En ese instante, sus atacantes se quedan inmóviles, cual estatuas, sin ser conscientes de que las extrañas palabras del caballero habían detenido el tiempo, aunque no para él, que se podía mover entre ellos sin que le pudieran hacer nada. Como si hubieran sido víctimas de un hechizo demoníaco.
        El caballero abandona tranquilamente la taberna por la entrada principal y, una vez en la calle, profiere un aullido terrible como el de un lobo rabioso, que es respondido por un infernal relincho, apareciendo en ese momento un unicornio negro sobre el que nuestro misterioso personaje abandona al galope el lugar, adentrándose en las entrañas del bosque.
        Lejos, muy lejos de allí, en un castillo que se alza sobre una montaña como la columna de un templo, dentro de la sala del trono, un rey moribundo reposa sobre su lecho de muerte. Sus tres hijos están junto a él y comienza a narrarles la leyenda por la que después de su muerte heredarían el reino.
        - Hace mucho tiempo, antes que yo, hubo un rey que tenía a sus órdenes un caballero tan leal que, en agradecimiento por sus innumerables servicios y una vida de sacrificio y de tantas batallas ganadas en el pasado, le dio la mano de su única hija.
        »Un día en el que el caballero y su amada paseaban por el bosque, un horrible dragón les atacó, separando a la dama de su amado, y a pesar de la resistencia que este le opuso, tras el rapto, la bestia devoró a la princesa en su inmunda guarida.
        »El caballero lloró y lloró, hasta que el bosque se inundó y de las aguas de sus lágrimas surgió un espíritu que le hablo así:
        - No tengo nombre, aunque algunos me llaman el Espíritu de los Bosques y estoy aquí para apaciguar tu pena.
»El caballero contestó:
        - Ya no siento pena, sino deseo de venganza por la muerte de mi amada a manos de esa repugnante bestia.
        »El Espíritu le dice:
        - Si es venganza lo que quieres, yo puedo dártela gracias a mis particulares poderes. Puedo convertirte en un caballero tan poderoso que pueda destruir ejércitos únicamente blandiendo su espada, sólo con la fuerza de su brazo diestro. Puedo darte el poder de detener el tiempo y viajar en él y puedo hacer que tengas la destrucción en tus manos, pero tienes que hacer algo por mí a cambio.
        - ¿De qué se trata?- contestó el caballero.
        - Deberás vivir en la naturaleza, en el bosque- respondió el Espíritu.
        - Acepto- sentenció el caballero.
        »En ese mismo instante, el Espíritu adoptó la forma de un unicornio negro, el caballero se montó en él y siguió el camino de la venganza».
        Cuando el rey terminó su relato pronunció gravemente sus últimas palabras:
        - Quien consiga derrotar al apenado caballero de la leyenda, heredará Sameralia- tras lo que exhaló su último suspiro.
        Confusos, los tres hijos decidieron dividirse para encontrar al legendario caballero. 
        El primogénito, Manfred, se dirigió al bosque de Wilcork, que estaba junto a un pueblo embrujado según las antiguas leyendas paganas. Llegó al pueblo escoltado por su guardia personal. A sus puertas, se encontró con una anciana a la que preguntó sobre la leyenda del caballero de los bosques. La anciana, mirándole a los ojos, le respondió:
        - La muerte se cierne sobre todos nosotros. Él vendrá y nos matará a todos en venganza por la muerte de su amada.
        De repente, una flecha segó la vida de la anciana, que se desplomó sobre su estribo derecho. Provenía de una colina cercana, sobre la que apareció la figura de un caballero con un arco, a lomos de un unicornio negro, que, instantes después, desapareció del horizonte sin dejar rastro.
        Incrédulo, Manfred, murmuró para sí mismo:
        - La leyenda es cierta.
        Tras este suceso, él y sus hombres entraron en el pueblo para pasar la noche.
        En otro lado del reino, cerca del pueblo de Carré, el segundo hijo del rey, de nombre Octavius, cabalgaba junto a sus hombres en dirección al bosque de Eco, en el que se decía que los aullidos de las almas en pena resonaban en el aire. Entrando en el pueblo, un campesino salió corriendo de la plaza. En ese momento apareció un caballero cabalgando sobre un unicornio negro, que desenvainó su espada, hundiéndola en la espalda del campesino, quien fue levantado en alto, como empalado en la hoja de acero, desapareciendo junto al caballero en la espesura del bosque.
        Impresionado, Octavius se dirigió al castillo del señor feudal de Carré. Al entrar en él, se encontraron a muchas personas inmóviles, cual estatuas, aunque no muertas, en posición de estar huyendo. Pero muchos otros yacían muertos, incluido el señor de Carré. Octavius decidió pasar la noche dentro del castillo, no sin antes organizar una guardia nocturna.
        En el extremo norte de Sameralia, el hijo pequeño del rey cabalgaba solo, sin ninguna escolta por su propio deseo, con la única protección de su armadura, su escudo y su espada, hacia la abadía de Zafón, encontrándose junto a ella un sangriento combate entre dos señores de la comarca y sus respectivas huestes. A lo lejos, distinguió a un caballero que galopaba hacia el combate sobre un horripilante unicornio negro. Cuando llegó al centro de la refriega, sin distinción de bando alguno, el impresionante caballero, de un solo golpe de su espada acabó con la vida de más de cincuenta hombres. Así continuó, diezmando a los guerreros de ambos partidos, de modo que acabó siendo el único superviviente de la batalla. Momentos después, el misterioso jinete cabalgó hacia un bosque próximo, conocido como Bosque Umbrío.
        Cristian, que así se llamaba el benjamín de los tres hermanos, era inteligente y nada avaricioso, al contrario que sus dos hermanos mayores, que eran egoístas y de mal corazón.
        Tras la desconcertante aparición, se dijo a sí mismo: «Pasaré la noche en la abadía y continuaré mi viaje mañana. Me temo que el misterioso personaje que he visto en la batalla será el rival a quien me tendré que enfrentar para heredar el reino de mi padre».
        Así, los tres hermanos tuvieron contacto con el caballero de los bosques, y ante cada uno de ellos había realizado una acción diferente, cada cual más terrible o asombrosa. Lo que no sospechaban era que les acechaba una negra desgracia: la venganza del caballero de los bosques.
        A la mañana siguiente, Manfred se dirigió con sus hombres hacia el interior del bosque de Wilcork. Cuando entraron se sentían indefensos, pues se daban cuenta de que se adentraban en territorio del fantasmal caballero, lo que les producía un terrible miedo. Además, la leyenda afirmaba que este podía oler el miedo de los hombres. De pronto, el horrible personaje, saliendo de la nada, atacó a la fuerza de Manfred, llevándose consigo a dos de sus hombres, como visto y no visto. Tras esto, apareciendo una y otra vez, todos los guardias de Manfred se desvanecieron en la espesura, excepto uno que consiguió escapar, quedando el príncipe solo e indefenso en el medio del bosque. Se adivinaba su final.
        De repente, una negra bruma se evaporó desde el suelo, transformándose en la figura del caballero, quien se dirigió a Manfred con estas palabras:
        - Sé a qué has venido y para qué me buscas. Pero no eres digno de este reino, y pagarás con tu vida por mi venganza.
        En ese instante, se lanzó hacia él empuñando su negra espada y separó la cabeza de Manfred de su cuerpo. El guardia huido se dirigió hacia el bosque de Eco, llegando a tiempo de relatar a Octavius lo que le había sucedido a su hermano mayor.
        Octavius, que se encontraba esa mañana internándose en el bosque de Eco, se encontró con la aparición del día anterior, el caballero misterioso, quien se le cruzó en su camino con intenciones hostiles. El príncipe y su escolta desenvainaron las espadas y se aprestaron a cargar contra el caballero, sabedores de cuál había sido el destino de Manfred y sus hombres. Ellos venderían caras sus vidas.
Sin embargo, el oscuro personaje mediante un hechizo hizo brotar de la tierra raíces que adoptaron la forma de espectrales guerreros, que luchando contra los hombres de Octavius, los exterminaron uno a uno, dejando al príncipe solo y a merced del caballero de los bosques.
        Al igual que a su hermano Manfred, el caballero se dirigió a Octavius en estos términos:
        - Sé a qué has venido y para qué me buscas. Pero no eres digno de este reino, y pagarás con tu vida por mi venganza.
        En ese instante, se lanzó hacia él empuñando su espada en llamas, hundiéndola en su pecho, y quedando calcinado el cuerpo de Octavius.
        El príncipe Cristian había abandonado esa mañana la abadía de Zafón, en dirección al Bosque Umbrío. Cuando se encontraba dentro de él, se topó con un rastro de huesos humanos, y dedujo que no podían ser más que de otros que se habían aventurado a entrar en el bosque y nunca habían regresado. Los frailes de la abadía le habían contado que incluso el caballero de la leyenda temía entrar en el Bosque Umbrío. A pesar del miedo que sentía, picó espuelas y continuó. 
        De repente, los fantasmas de aquellos cuyos huesos encontró se le aparecieron. Se trataba de unos caballeros de tiempos pasados que le dijeron:
        - Somos los espíritus de aquellos que cayeron en este bosque a manos de otro caballero más poderoso y más bravo guerrero que nosotros. Y somos los guardianes de la espada llamada Gamberdorf; quien la blanda será capaz de destruir a los espíritus de los bosques y sus servidores. Estos últimos son hombres que fueron engañados, con el pretexto de proteger los bosques a cambio de poderes sobrenaturales, aunque en realidad, no fueron más que esbirros que condenaban su existencia a hacer el mal.
        Cristian se ofreció a estos caballeros fantasmales como su adalid, para empuñar a Gamberdorf y poder destruir al caballero de los bosques y, por tanto, a acabar con el poder de los espíritus de los bosques. Los fantasmas le entregaron la poderosa espada y le revelaron que el oscuro caballero al que buscaba se encontraba en el bosque de Eco.
        Cuando por fin llegó al bosque de Eco, el caballero de los bosques le salió al paso, ofreciéndole combate. Tras un intercambio de sobrenaturales golpes de acero, Cristian consiguió desarmar a su oscuro adversario, pues de un certero golpe con Gamberdorf contra la espada de su oponente hizo a esta mil pedazos.
        El caballero se dirigió a él con las siguientes palabras:
        - Me has vencido. Sólo queda que traspases mi cuerpo con tu espada y podrás heredar el reino de tu padre, pues a diferencia de tus hermanos, eres digno de ello.
        Cristian le contestó:
        - La leyenda puede cambiar. No te mataré, sino que a cambio de tu vida, te permitiré seguir viviendo en los bosques con la promesa de que serás su guardián y protector. Velarás por que los hombres de ahora y de tiempos futuros cuiden y respeten la naturaleza.
        El caballero prometió que así lo haría. 
        Cristian reinó, por tanto, como nuevo soberano de Sameralia, felizmente durante setenta años, junto a su reina y sus siete hijos.
        Desde entonces, un espíritu cuida de la naturaleza.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: TERCERO Y CUARTO DE ESO.
MENCIÓN HONORÍFICA: VIOLETA DÍAZ RECIO. 3º DE ESO.

        Sola. Completamente sola. Nadie que me acompañe en esta soledad. Pues claro, tonta, si no, no se llamaría soledad, sería una soledad acompañada, lo que quiere decir que ya no estarías sola al completo. Este tipo de pensamientos hace que sea una persona diferente. 
        Una vez leí una frase en un libro que decía ‘debo de estar loca por sostener una conversación conmigo misma’. Me siento identificada con esta frase. De todos modos, ¿con quién más voy a hablar, si estoy sola? Lo más lógico es que conmigo misma, creo, por lo cual no estoy loca. No, señor, no estoy loca, estoy muy cuerda.
Debo huir. Si no tengo a nadie con quien pasar los días, debo huir de este infierno llamado sociedad, donde no soy aceptada. Debo huir hacia un lugar donde sí lo sea. Quizás a los bosques, a no ser que los animales se comporten como humanos y tampoco ellos me acepten. Pero no lo creo. Los animales no suelen tener prejuicios. Debo huir hacia los bosques, está decidido. Cogeré toda clase de material necesario para no morir, que tampoco eso lo deseo. Porque la vida es bella, aunque sea pasada en soledad, aunque sea pasada sin gente que te quiere por ser como eres, por culpa de tus anormalidades. Ser una persona de cabello gris, natural, pero no anciana. ¡Ah! ¡Anciana!  Miles de veces llamada ‘anciana’, a pesar de que tan solo tengo pocos años. Tampoco ayuda demasiado tener los ojos ámbar, como el color de los semáforos. ¡Ah! ¡Semáforos! Miles de veces llamada ‘semáforo’, a pesar de que soy humana. O al menos eso creo. Tal vez por mis colmillos y la uñas largas, eso de que no me acepten. Miles de veces llamada ‘animal’, ‘bicho’, ‘anormal’ y otras tantas palabras llamadas insultos.
        Fui al dentista para arreglar lo de los dientes, o al menos para informarme del porqué tengo tan largos los colmillos, pero el muy idiota del dentista me dijo que no era nada grave, que podía irme a mi casa. Estoy casi segura de que lo dijo para que me fuera de una condenada vez. Fui a un salón de belleza para arreglar eso de las uñas, que no se pueden tener más afiladas y más duras, pero la muy tonta de la estilista me dijo que no se podía hacer nada para arreglar lo que tenía por uñas, o más bien garras, que podía irme a mi casa. Estoy casi segura de que lo dijo para que me fuera de una condenada vez.
        Nadie me quiere, ni siquiera la prima de mi madre, que es la señora que me cuida. Mi madre murió cuando yo nací, o al menos eso es lo que dice mi tía (si es que así puedo llamar a ese ser llamado Bernice Mathews), aunque puede que se mudara al ver los ojos de su hija, y así no sufrir una vergüenza cada vez que alguien le preguntara si es hija suya. Mi padre se separó de mi madre al saber que iba a tener un bebé, él odia los niños, o al menos eso es lo que dice mi tía.
        En el instituto nadie se acerca a mí por mi aspecto, y eso que me han cambiado tres veces de colegio y una de instituto. Nunca he tenido un amigo, y mucho menos novio. Nunca me he enamorado, tampoco tengo intenciones. De todos modos nadie se fijaría en mí. Bueno, sí, para mirarme con mala cara. Bernice quiere cambiarme otra vez de instituto, pero eso no va a cambiar nada, todos me tratan igual, incluso los profesores. Resumamos la historia: quiero irme de la ciudad porque nadie me quiere y estoy sola. Cojo la comida necesaria, un mechero, una navaja suiza, una tienda de campaña, un saco de dormir, el móvil, la guitarra y ropa suficiente y me voy. Espero no dejarme nada. Eso supondría un grave problema, porque no quiero volver.  En el bosque se está a gusto: los animales no me rehúyen y el tiempo está agradable. He montado la tienda de campaña en una zona llana cercana a una laguna, para poder bañarme cuando sea necesario y he instalado un fuego para calentar algo de comida. Me levanto en medio de la oscura noche, algo me ha despertado. Siento una potente necesidad de salir a ver el lago, y no entiendo el por qué. Me estoy asustando, no tengo el control de mi cuerpo, ya que salgo a ver la laguna. Está preciosa: un color azul marino invade sus aguas y la luna y las estrellas están reflejadas en ellas, haciendo que parezca que la noche está dentro de ellas. Necesito entrar en esta laguna. Lo necesito. Al final introduzco mi cuerpo en las oscuras aguas de la laguna, aunque para mi sorpresa, las aguas no mojan mis ropas ni mi cabello. Siento como si en vez de ser agua, fuese aire esta laguna. Una ráfaga de viento, o agua (ya no sé ni qué es) tira de mi pierna con fuerza. Intento salir, pero no puedo: la corriente me impide salir agarrando mi pierna más fuerte, como si quisiera que me ahogase allí dentro. Mis esfuerzos no valen para mucho, y pronto me voy cansando. Creo que me voy a rendir. Finalmente me rindo y el reflejo de la noche me absorbe. Empiezo a girar cada vez más rápido y a ver luces de todos los colores hasta que caigo sobre un suelo blando. Consigo abrir los ojos y miro a mi alrededor: un gran desierto de arena blanquecina y azulada me rodea en kilómetros a la redonda, comiéndose el horizonte.
        Mi cuerpo está ardiendo, pero siento frío en mi interior. De repente siento un pinchazo en el interior de mi cabeza que aumenta a la velocidad a la que pasan los segundos hasta el punto de desmayarme.
        He sido despertada por un chorro de agua fría procedente de un cántaro. Intento averiguar quién me ha sacado de este dulce tormento llamado sueño, y descubro a una chica que aparenta mi edad, vestida con unas preciosas telas indias.
        -Buenos días, Vanessa. Mi nombre es Casandra y vengo a enseñarte todo esto -dice la joven india señalando lo que parece ser una ciudad, una ciudad deshabitada. 
        -¿Cómo es que sabes mi nombre? -pregunto con curiosidad.
        -En esta ciudad todos lo saben. 
        -¿Qué quieres decir con ‘todos’? ¿Acaso hay alguien más aquí?... No has respondido a mi pregunta. ¿Es que hay alguien más aparte de ti? –pregunto con impaciencia.
        -En esta ciudad todos lo saben. Es el destino. Vanessa debía venir para salvar a la ciudad.
        -¿Salvar de qué?
        -De la soledad.
        -Yo estoy sola. Si no me puedo salvar a mí misma de la soledad, no podré salvar toda una ciudad.
        -Vanessa debe salvar a la ciudad de la soledad.
        Me cansé de discutir con esta extraña chica y dejé que me enseñase la condenada ciudad. Es una ciudad realmente preciosa: las luces y los colores fríos de los edificios la hacen parecer una ciudad procedente de un mundo de fantasía. Da vértigo mirar todos estos altos edificios llenos de luces y vidrieras de colores. Pasamos por calles de todos los tamaños: calles altas, calles bajas, calles estrechas, calles anchas, avenidas, callejones, pero sigo sin ver a ningún habitante.
        -Vamos a entrar en palacio.
        -¿Qué palacio?
        -El palacio. Tu palacio.
        La manera de hablar de esta chica empieza a enfadarme levemente, pero a la vez me recuerda a alguien. Al pasar la última calle (una gran avenida llena de árboles frutales), se puede contemplar un gran palacio blanco, como los palacios de princesas que se ven en películas. El interior no es menos impresionante. Una gran sala blanca con paredes de estanterías repletas de libros y con ventanas para que entrase la clara luz se alza ante nosotras. Una cama enorme con mosquiteras de tul ocupa el centro de la sala. A la derecha de la enorme cama se encuentra una mesa blanca, por supuesto, con bordados en plata y una silla igual, y a la izquierda un enorme armario del color que pueden imaginar. Me fijo en la mesita pequeña con una urna de cristal que contenía una llave plateada que hay junto a la cama.
        -Se abrirá cuando hayas salvado la ciudad.
        -¿Cómo puedo salvarla?
        -Salvándote a ti misma –la joven dijo esto y cerró las puertas plateadas del castillo, dejándome encerrada aquí.
        No sé cómo voy a salir de aquí, ni tampoco cómo salvar la ciudad.



XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: BACHILLERATO Y CICLOS F.P.

PRIMER PREMIO: GABRIEL FERRERAS GARRUCHO 2º DE BACH.

SUMMER SHOWERS

Lluvias de noviembre,
entre versos calientes
y una sonrisa fría.
A lo lejos, se va la tormenta,
nubes planas y altas
que huyen de un cielo
en borrasca negra y árida.
Canciones de otoño
y estrofas de invierno creciente.
La luna no se atisba
entre las estrellas ardientes.
A lo lejos, muertos en el aire,
se abalanzan sobre los vivos,
y les rompen los tobillos.
Dos niños se resbalan en la lluvia,
y sus padres bebiendo en un bar
con las paredes sucias de moho
y un viejo que cuenta historias 
de una guerra inexistente
y cuatro amigos siniestros.
Gritos ahogados bajo el torrencial.
No puedo soñar mientras la luna no se vaya.

SEGUNDO PREMIO: JULIA BENÍTEZ MARTÍN 1º DE BACH.

Quise entrometerme en los recovecos
de aquello etéreo e inmutable
con diferentes nombres,
una sola puerta para diferentes llaves,
y así descubrí el egoísmo del hombre,
resumiendo el amor en porciones dobles,
cargando en sus hombros el hambre
causada por ellos mismos,
no cesan de retroalimentarse de su propio hedonismo
alejando cada vez más de sí el último aliento,
atrayendo al vacío,
dibujando sobre escalas de grises un rosa marchito.
Con los ojos cerrados pretenden conocer el destino
y no hacen más que moverse con el viento,
todo tendrá su tiempo perfecto... Poner fin al hastío.
Buscan el amor propio en clones
y olvidan inspeccionar sus trabas...
Al fin y al cabo nunca supe ser agua,
solo partir los moldes.



SECCIÓN 4. CIUDADES DEL MUNDO

OUR TRIP TO ITALY
BY CLARA LÓPEZ CRUZ. 4º DE ESO.
            In the week we were in Italy, we didn't only go to school, we also made some trips to beautiful cities as Milano or Verona.

        The first trip was to Milano and it was amazing. We went to this city by bus. First, we visited the breathtaking Duomo.
        It is a church placed in one of the most famous parts of the city. The church is huge and has an enormous ceiling. Personally, my favourite part of the Duomo were the stained-glass windows, the different colours, shapes and drawings gave to the church a special and unique light.

        Also, a really interesting fact in the Duomo is the golden virgin placed on the top of this church. Another place we visited in Milano was the Victor Emmanuelle Gallery, were the most famous and expensive shops in the world are, like Versace, Louis Vuitton, Prada or Victoria's Secret. In the afternoon we saw the Castle of Milano, where the great gardens and courtyards were really beautiful.

        The second trip we did was to a very little city in the Lake Di Garda named Sirmione. We went crossing the Lake by boat. This city was very curious and very interesting. The first thing we visited was a Castle, where the sights allowed us to appreciate the lake and the whole city of Sirmione, the castle was very high and we reached the top and made some beautiful photos. Then, we visited the beach in the Lake and a museum which explained the Romans that lived there and some objects of the epoque. The thing that I liked most was a placed in the lake where the water was naturally warm, and some people had a bath there. Later, we returned to Desenzano by boat. One really good thing about this trip was a very little but delicious ice-cream shop near the Castle.

        The day before we left Italy we went by bus to Verona, one of the most beautiful cities in Italy. Firstly, we saw the Arena, a Roman theatre which was really great. It was huge and we spent a lot of time visiting the whole monument. Secondly, we visited the house of Giulietta, where we saw the statue of Giulietta and all the graffities and padlocks which a lot of couples had left there. Finally, we had free time and visited a lot of souvenir shops and we visited the square of the Arena.
        The day we left we went shopping to a shopping mall where we bought souvenirs. After that, we went by bus to the airport and returned back to Seville.




OUR EXCHANGE TO ITALY
BY EMMA MANZANERA SOLANA. 4º DE ESO.
A few weeks ago some students from the course 4th of ESO went to Italy. Italian families hosted us and shared their everyday routine with us, and also we have visited some Italian cities.

        We went to an adorable village in northern Italy near the beautiful Lago di Garda, called Desenzano. It is a splendid place and it has a lot of good restaurants, cafes, shops and a little port too. The first day we visited the village and we went to the main church called “Duomo”, the Roman villa and the splendid Roman castle. One day we went to have dinner to a restaurant too where all Spanish people ordered pizza, it was so big and yummy. The climate there is okay, similar to ours but a little fresher. In my opinion it is a comfortable place to live.

        Although Desenzano is a big village, most of our Italian friends lived in other smaller villages around, such as Lonato, Calcinato or Castiglione that was a default because they had to take the bus every morning because most of them were far from the high school. The houses where we were hosted were cottages, really different from our houses here in Seville, and the environment was different too, it was peacefully and without so much contamination, but we got used to it quickly. In my case, I received a very good treatment from the family, they were very nice people and we had many good moments together. I have learnt a lot of their culture and traditions and I have learnt Italian too.

The high school where our friends go is called “Luigi Bazoli-Polo”, it was huge and full of people. There, Monica and Rossana, the English teachers, prepared some activities for us to do. We met the headmaster of the high school and we attended some classes such as Psychology, Italian, P.E, English… both teachers and students were so nice with us. The last day we made a flash mob at break time and we danced and had a very good time all together. Some days we ate together in the park that was next to the high school and we had very funny moments. We also went shopping with them to a shopping center in Desenzano. On the last day, we had a farewell party where we ate little pizzas and some typical Italian sweets.

        The last day we were so sad to leave and the farewell was so emotive, but we hope to see them some other time because we have become very good friends.


Our exchange to Italy has been a very good and enriching experience. We have met many lovely people that will be our friends forever and we have learnt how people live in another country and what their traditions are and their way of education. We will never forget it!!!

SECCIÓN 5. YO ESTUVE EN EL ISBILYA
ENTREVISTA A ELENA FERNÁNDEZ NARANJO, PREMIO EXTRAORDINARO DE BACHILLERATO DE ANDALUCÍA, CURSO 2015-16.
POR EMMA MANZANERA SOLANA. 4º DE ESO.

– Buenos días Elena, es un placer poder contactar contigo, como antigua alumna del centro que ha conseguido, digamos, la mayor relevancia académica del pasado curso 2015-2016, y poder así cambiar impresiones. ¿Cómo ha influido ganar el premio extraordinario de bachillerato en tu vida como estudiante?
        ¡Fue una experiencia muy gratificante! Realmente no tenía grandes esperanzas de conseguirlo, pero me gustan los desafíos, superarme a mí misma y, sobre todo, llevarlo todo bajo control. Decidí apuntarme porque pensé que podría. Solo fuimos tres quienes lo intentamos, de entre tantas personas aptas.
        La verdad es que, al terminar selectividad, no tenía ganas de ponerme a estudiar, y, de hecho, solo el día anterior fue cuando me puse a repasar algo. Lo bueno es que yo había escogido historia en selectividad, así que la tenía bien controlada. Solo tuve que mirarme filosofía el domingo anterior y ponerle muchas ganas. Fui a probar suerte, eso sí, durante los exámenes di todo lo que podía. Todo puede ayudar, no solo el conocimiento que tengamos del temario en sí, sino saber redactarlo bien, que no se note que no te acuerdas de algo (una fecha, un nombre, etc.). También es útil usar la lógica y la pragmática, pero, ante todo, no tener nervios y confiar en uno mismo. No hay que sentirse presionado.
        Los exámenes fueron fáciles, el instituto nos prepara muy bien si aprovechamos todo lo que nos ofrece. El examen de historia eliminó a más de la mitad de los participantes, tocó el reinado de Carlos III, el motín de Esquilache y los decretos de nueva planta, si mal no recuerdo. Lo gracioso fue que ese había sido el primer tema que dimos en el instituto y, calculando las posibilidades de que tocase, no me lo repasé para selectividad (y menos para el premio extraordinario). Por tanto, tuve que tirar de la memoria. ¡Me sorprendí de lo bien que resultó! Es lo bueno de estudiar bien desde el principio, no memorizar, sino reflexionar y comprender. Desde ese momento aprendí a confiar más en mis capacidades.
        Por lo demás, supongo que en la universidad tendrán mi ficha y tal vez sepan que conseguí el premio, pero tampoco es algo que yo vaya por ahí comentando. Solo si sale la conversación tal vez lo comenté, pero suelo mantenerlo en la discreción. Al igual que las notas que saqué, o mi nota en selectividad, estoy muy orgullosa por ello, mis padres y hermanos también, pero no es algo de lo que vaya “presumiendo”. Cada uno tiene sus virtudes.

- ¿Te ha resultado duro el cambio de intensidad y exigencia del Instituto a la Universidad? 
        ¡En absoluto! Prefiero mil veces el método universitario al instituto. Entramos al instituto cuando aún somos niños y debemos adquirir competencias mínimas y desarrollar el intelecto, por tanto, las asignaturas en el instituto están diseñadas especialmente para ello (al menos deberían; cada vez confío menos en el sistema educativo español). Sea como sea, el profesorado del Isbilya está altamente cualificado para hacer que ese proceso se desarrolle de una forma óptima.
        La Universidad ya es mundo diferente. Al especializarte en lo que realmente te gusta, puedes profundizar en ello y, gracias a la madurez intelectual conseguida, se comprenden nuevos matices que antes no podríamos captar. Sobre todo en las asignaturas de humanidades, que tratan sobre el ser humano y su manera de percibir y relacionarse con lo que le rodea, hay muchos aspectos que solo se entienden con la experiencia misma o con la introspección y reflexión, sobre todo el relacionar ideas entre sí.
        Es cierto que hay de dedicarle su debido tiempo, pero no se hace tedioso si estudias lo que te gusta. Tampoco me siento presionada u obligada a hacer tal y cual, porque sigo el método que creo que mejor resultados me va a dar.
        Me gustaría dar algunos consejos para quienes que quieran hacer el doble grado que curso o las carreras de clásicas e hispánicas. En clásicas hay que traducir lo infinito y más y dedicarle todo el tiempo necesario (al principio pueden ser dos horas para hacer catorce versos, pero tras dos meses a lo mejor son treinta y seis versos en una hora) y hay que llevar una buena base o estar dispuesto a conseguirla uno por su cuenta. Eso sí, terminas adorando esas asignaturas, no quiero asustar a nadie, es un esfuerzo necesario. En cuanto a hispánicas, hay que leer y analizar mucho, te acostumbrarás a hacerle la autopsia a cada obra que leas. También es imprescindible la capacidad de abstracción para los aspectos lingüísticos. ¿Os acordáis del temario de lógica, dentro de filosofía? Pues el proceso mental es prácticamente el mismo, una vez le coges el truco va todo sobre ruedas.

- ¿Cómo imaginabas que sería la Universidad antes de entrar?
        Esperaba mayor independencia, poder de decisión sobre mis acciones y elecciones, un ambiente agradable, más tiempo para organizarlo como quiera, etc. Todo mejoras. No hay mucha diferencia entre lo que esperaba y la realidad, aunque creí que tendría más tiempo libre. Paso mucho tiempo en la biblioteca porque tres días a la semana tengo clases también por la tarde además de por la mañana, y no me sale a cuenta venir a casa y volver, así que como en el comedor y luego a la biblioteca o, si hace buen día, me voy a leer al “locus amoenus” (es como llamamos a “los jardines” que rodean el edificio del Rectorado).
        También, al escoger un doble grado con tan pocas plazas supuse que quienes entrásemos tendríamos los mismos intereses o, al menos, podríamos compartir puntos de vista sobre determinados aspectos. Pero no fue así del todo, somos todos muy diferentes, nuestros métodos de estudios también son diferentes, al igual que nuestra opinión sobre las asignaturas y cómo son impartidas. Hay diferentes tipos: las futuras bohemias, los que no vienen a clase (sí, incluso en un doble grado), los que se esfuerzan, aunque les cuesta, los que viven en su mundo y los que se amoldan mejor cómo está planificado el doble grado.
        Por lo demás, la Universidad es genial. Es como un nuevo universo, miles de posibilidades que se abren ante una. Además, los múltiples talleres y charlas que se ofrecen gratuitamente permiten aprender muchísimas cosas interesantes, por no hablar de las bibliotecas y sus miles de libros, vuestro nuevo aliado y mejor amigo durante la carrera.

- ¿Cómo fue tu paso con el Instituto y que recuerdos guardas de él?
        Uff…¡tantísimos! Desde los doce años a los diecisiete, teniendo en cuenta que ahora tengo dieciocho, se podría decir que he pasado casi toda mi vida en el instituto, también es de donde más recuerdos tengo. Pasaba seis horas y media diarias allí, tenía a mi grupo de amigos ahí; viví muchas experiencias. No solo obtuve los conocimientos académicos, que también conformaron de una manera u otra cómo soy ahora, sino que aprendí a madurar ahí, de la relación con los demás, de acceder a unas cosas y negarme a otras.
        Mi paso por el instituto fue…largo, a veces tedioso. ¡Es normal, son seis años! Diría que solo tengo muy buenos recuerdos, pero también tengo recuerdos malos, ¿a quién voy a engañar? La adolescencia es una etapa muy difícil, tratar con adolescentes es un asunto delicado y si eres uno de ellos; más caótico todavía. Creemos que ya no somos niños, pero no somos adultos (aunque muchos intenten comportarse como tales). Pasamos de ser los mayores del colegio al ser los más pequeños del instituto, donde nadie nos conoce. Miramos a los mayores y nos fascinamos, miramos a los demás y ocurre igual. Queremos encajar. Mejor dicho, ¡tenemos miedo de no hacerlo! Perdemos la autoestima y nos vemos presionados a esconder nuestros pensamientos y deseos para ser como todos los demás aparentan ser.
        Es como si fuésemos lanzados a un mar caótico sin saber nadar y las únicas alternativas que tuviéramos fueran acogernos al comodín de fingir que somos lo que se espera que seamos, sacrificando nuestra voz y voto, o aprender a nadar sintiendo el flujo a contracorriente. Por supuesto es mucho más fácil arrimarse a lo que te proporciona una salvación rápida a la constante lucha por no hundirnos. Ocurre desde que el hombre es hombre, es mucho más sencillo crear una ficción que aspirar a la realidad, aunque lo segundo sea mucho más grato que lo primero.
        El primer año me tocó en una clase con gente que no conocía, así que me hice amigos pronto (siempre he sido muy extrovertida para eso). Estaba perdida, nadie me conocía allí, cedí en algunas cosas: “no digas <<seño>>, di <<profesora>>”, “no juegues a las palmas”, “en el recreo no se juega tampoco, solo se dan vueltas”.  Ese año estuve muy atontada, recuerdo que me encapriché de un chico (sí, “encapriché”, con 12 años dudo que alguien sepa lo que es el amor) y no hice nada durante ese año. Iba a clase pero en mi casa los únicos libros que tocaba eran los que sacaba de la biblioteca casi a diario.
        En segundo la cosa fue a peor, el chico que me gustaba ya me daba un poco igual (lo típico, al pasar el verano te olvidas). Recuerdo que me quedaron siete asignaturas un trimestre y cuatro para verano. Pero ese año fue clave porque dejé un poco de lado la idiotez que me había acompañado desde que había entrado al instituto. Había una chica en mi clase con la que siempre se metían, ella siempre estaba sola sentada en su escritorio dibujando personajes de anime (series japonesas), vestía muy recatada y colores oscuros, quería pasar desapercibida. Se burlaban de ella por eso, “friki” decían, parecía que se divertían haciendo sentir incómoda a una persona a la que le desagradaba el trato con los demás (sobre todo con esos burros) y que estaba en su propia burbuja.
        Fue durante segundo cuando fui más consciente de cómo la gente era con ella, me sentía mal por ella. A decir verdad, también la envidiaba un poco porque ella no ocultaba cómo era, ella había elegido nadar a contracorriente. A mí siempre me había gustado el mundo japonés, también veía anime, leía manga (comics japoneses), etc. pero siempre lo había ocultado para que no se metieran conmigo por desconocimiento y prejuicios.
        Un día me acerqué a ella en el recreo y le dije “¿te gusta tal?”, me comentó que sí y le dije que a mí también, comenzamos a hablar más sobre ello y nos hicimos muy cercanas. Después de eso conocí a su hermano y con quienes ambos juntaban. Así fue cómo encontré a mi grupo de amigos actual, ahora somos muchísimos, y a todos los fui conociendo gracias a ellos. Por supuesto que tenía mi grupo de amigos en clase, pero con el tiempo me di cuenta de que la mayoría eran más compañeros de clase que verdaderos amigos. De hecho, apenas hablo de vez en cuando con pocos ya.
        A partir de ese año comencé a nadar por mí misma, no es como si no lo estuviese intentando antes pero siempre tenía medio brazo apoyado en el salvavidas denominado “encajar”. Ni que decir, las aprobé todas en septiembre, y ¡comencé a subir mis notas de manera exponencial! La verdadera yo había estado vendada, dormida, esperando a que estuviese preparada para su llegada. Aún me quedaría mucho por superar, muchas decisiones que tomar antes de ser quien ahora soy, pero ese momento fue el punto de inflexión.

- ¿Qué es lo que te ha dejado el Instituto como persona?
        Como ya comenté, cada experiencia vivida me ayudó a crecer como persona. Sí, la adolescencia es una época horrible, pero hay que saber llevarla lo mejor posible. Me gustaría compartir mi experiencia personal para todos aquellos que puedan sentirse identificados.
Ya comencé a contar un poco mi historia, no mis datos académicos, sino como una persona como otra cualquiera. Muchas veces me sentí despreciada por mis compañeros y mis amigos (no los que tengo ahora), tuve que ocultar parte de cómo yo era para evitar que me insultaran aún más, ya que, sin ni siquiera hacer nada, ya criticaban a uno.
        No es como si mi paso por el instituto fuera en camino de rosas. Siempre tuve que aguantar que me insultaran por no ceder ante ciertas cosas: “¡qué paja (tonta) eres!”, “esta es una siesa, que no le gusta ir de fiesta” (hombre, pues ir de botellón con trece años no entra en mis planes, siento defraudarte), “¿qué te ha pasado en el pelo? ¿te has electrocutado?”, “¿por qué vas así vestida a clase?”, “payasa”, “fea”, “tu novio es […], qué pajo”, “usas relleno en el sujetador”, “que te calles, que tú eres tonta”, “qué rara eres”, “¿no llevas 20 euros encima? ¿eres pobre?”. Y los archirrepetidos: “¡empollona!”, “¡pelota!”, “claro, sacar dieces en letras es muy fácil, todo el mundo podría”. Y me abstengo de utilizar expresiones malsonantes.
        Aunque pueda parecer lo contrario, esos comentarios no solo venían de los típicos “populares” de la clase, sino también de quienes eran “mis amigos” (mis compañeros, a fin de cuentas). Muchas veces los chicos se burlan de los demás solo para reírse con sus amigos, pero no tienen en cuenta cómo puede afectarle a la persona de la que se mofan. Incluso si aparentan indiferencia o se ríen para encajar con ellos, por dentro pueden estar pasándolo muy mal.
        Tuve la suerte de que nunca necesité a nadie para sacarme de los problemas, ni a nadie que me defendiese cuando se metían conmigo. Al principio también me afectaba, obviamente, soy humana, pero con el paso del tiempo y ver lo repetitivo y poco original de sus insultos, comencé a ignorarlos y a no ahogar mi opinión. Al fin y al cabo, perro ladrador; poco mordedor. Insultan sin pensar, es fácil identificarlo: la retahíla es siempre del mismo tipo (depende la generación hay unos insultos u otros de moda), eso significa que ni se paran a pensar por qué nos insultan, hagamos lo que hagamos van a soltar lo mismo. Además de que, todos manejan el mismo “vocabulario” y lo emplean con todos por igual. Conclusión: hablan por hablar; no tienen nada que reprocharnos, solo pretenden hacernos saber que quieren “hacerse los guais” delante de la pandilla. ¡Qué majos!
        En definitiva, a estas alturas de mi corta vida me he dado cuenta de que no podemos controlar cómo los demás se van a comportar con nosotros, pero sí cómo nos afecte. No tenemos que intentar cambiar a los demás, puede que funcione con un par de personas, pero ellas no van a ser el único problema se nos presente en la vida. Lo importante es cambiar uno mismo, saber adaptarse a las diferentes circunstancias que enfrentemos e intentar sacar lo mejor de ellas. Al final la vida pone a cada uno en su sitio. Quien mal obra, mal recibe. No porque se lo merezca más que los demás, sino porque tiene que aprender la lección para no volver a comportarse así.

- ¿Cuáles fueron las personas que estuvieron en el instituto que han influido en tu vida?
        Supongo que todas las personas con quienes uno haya mantenido cierto contacto influyen en la vida de una manerau otra. Muchas veces me doy cuenta cuando hablo, tomo expresiones que le escuché a mis amigos, hago gestos que algún compañero hacía, etc. Siempre tomamos algo de quienes nos rodean, aunque sea inconscientemente. Estamos compuestos por fragmentos de los momentos que vivimos y las personas que conocimos.
        Por ello, no considero que ninguna persona haya influido negativamente en mi vida, en tanto que contribuyó a formar quien que soy ahora.
        Eso sí, hubo personas que me marcaron en aquella época más que otras. Mis buenos recuerdos los presiden: mi buena amiga Carmen, con la que quedaba casi a diario después de clase durante los primeros años; mi primer grupo de amigos en el instituto (quienes también me dieron malos momentos); mi queridísima amiga Blanca, gracias a quien conocí a mis buenos amigos, incluido mi amigo Daniel; y por supuesto a todos los profesores que me dieron clase, de lo cual hablaré más adelante.
        Entre el elenco de personas que conocí, están “los populares”, pero no uno en concreto, ya que estas personas no destacan por sí sino como masa homogénea. Son fácilmente identificables porque están siempre subiendo mil fotos a Instagram, siempre con mucha gente (la mayoría gente que luego critican a las espaldas). Suelen intentar llamar la atención, van vestidos siempre a la última (“muy pijitos”), pero gritan como verduleros (con perdón por los verduleros). Los que sean buenos estudiantes fingirán pasar de las clases (que, al parecer, está de moda). Todos los findes te los encuentras de botellón, empezaron ¿a los 14?, cada semana traen una lista de aquellas personas con las que han tenido “algo” ese fin de semana. No sé cómo, pero tienen una increíble capacidad para que todo el mundo se entere de “lo genial que es su vida”. La mayoría fuma y cada vez empieza antes (este es un tema verdaderamente preocupante), todo para mantener la imagen de “la vida es dura, pero yo puedo con ella”, etc. Este es el kit de “encajar con los demás”, pueden añadir la extensión de “foto con orejas de perrito” y la de “yendo al gym”.
        Fueron los peores, solo recordarlo me despierta sentimientos poco agradables. Lo critican todo, da igual que uno sea su “mejor amigo”, no se salva. Básicamente lo hacen porque es de lo único que pueden hablar con los demás cuando se les acaba la conversación de cosas superfluas que hicieron en la última fiesta. Para los que no sean como ellos puede parecer que son seres que existen, pero no viven, mejor dicho, solo viven de puertas para adentro, donde nadie más puede verlos y no tienen una imagen que mantener.
        Por supuesto, eran quienes peor me lo querían hacer pasar, quienes más me criticaban (sin saber lo que dirían a las espaldas). Me sentía totalmente rechazada y despreciada por ellos, a tal punto que comencé a desconfiar de todo tipo de persona que compartiera sus hábitos.
        A día de hoy, sé que no todos son así, al menos cuando alcanzan los dieciocho parece que algunos entran en razón. Lo que sí es común a todos es su gran inseguridad, son personas que no saben cómo afrontar los cambios de la adolescencia y los sobrellevan agarrados a un salvavidas. De lo que no se dan cuenta es que con el salvavidas todo el mundo puede nadar, pero no por ello uno aprende a nadar sin él y en la vida no siempre se va a poder depender de los demás.
        Es bueno que durante la adolescencia intentemos definir quiénes somos y quienes queremos ser, estando preparados para afrontar por nosotros mismos cualquier situación que se nos presente. Nuestro objetivo en la vida es ser felices, encerrando nuestra forma de ser y teniendo que fingir algo que no somos no es la manera más propia de conseguirlo.

- ¿Quiénes fueron tus profesores más apreciados?
        Estoy muy agradecida a todos mis profesores, tanto del colegio como del instituto, de todos he aprendido mucho. Realmente se puede sacar provecho de cualquier cosa, solo hay que tener la voluntad de ver su lado bueno.
        No siempre pensé de la misma manera, cuando estaba en mi época tonta también me parecían un fastidio los profesores que me llamaban la atención por hacerme la graciosa en clase. Pero conforme vas madurando y te pones en su situación te das cuenta de que hicieron lo que debían de hacer.
        Últimamente se le está perdiendo el respeto a la figura del profesor, poniendo en cuestión su autoridad sobre nosotros. Es algo que me preocupa mucho, si los chicos no son si quiera capaces de tener respeto y agradecer a alguien que está contribuyendo a su desarrollo como persona, ¿dónde vamos a parar? Todo ocurre porque el estudiar se considera a veces un castigo. ¡No es así! Sí, la enseñanza secundaria es obligatoria pero no es porque quieran someternos, sino porque se considera que es la mejor manera de que podamos tener un buen futuro. ¡Antiguamente el poder estudiar era un lujo y ahora lo vemos como un fastidio y lo desdeñamos! Con los profesores ocurre igual, si las clases son nuestra pena; el profesor es el verdugo. ¿No sería mejor considerarlos como alguien que comparte sus conocimientos con nosotros e intenta guiarnos por el buen camino? Luego nos quejamos de que el país no va bien, hay que tener buenos cimientos para construir un techo resistente.
        De cada profesor aprendí algo, más allá de lo académico. Como ya me extendí bastante en la introducción, comentaré los principales.
        Dña. Elvira Montero Masilla: ¿qué decir de ella? Le estaré eternamente agradecida por todo lo que me ha hecho aprender. Ella me ensañaba francés, es de esas profesoras duras, a las que no le sirven las excusas, pero que valoran muchísimo el ver que nos esforzamos y participábamos. En 3 años que la tuve llegué a tener un nivel de selectividad en 4º de la E.S.O. Tuve la increíble suerte de tenerla como tutora, siempre se interesaba por nuestro progreso en todos los ámbitos y hablaba a solas con nosotros cuando lo veía conveniente o nosotros se lo pedíamos. Con ella hablé cuando estaba en duda entre sí coger letras puras y trabajar en lo que me gustase o hacer ciencias y “tener más oportunidades” (mentira, cada vez hay menos), confiaba mucho en su opinión y no fue para menos. Ella me recomendó que escogiera aquello que me hiciese feliz y aquí estoy, dedicando mi tiempo a lo que me gusta.
En 2º de la E.S.O, cuando no estudiaba, saqué un 2 en un examen con ella. Aún recuerdo sus palabras: “Elena, has sacado un 2, yo no sé lo que piensas hacer si sigues así”. No sé cuando empezaron a ser relevantes para mí esas palabras, pero es algo que me marcó. Desde luego, cuando vio mi progreso, pude notarla llena de orgullo y sincera alegría, esa fue una de las mayores recompensas que mi esfuerzo pudo obtener.
        Dña Ana Martinez Jiménez: ¡La teacher! Como primera promoción bilingüe, ella nos dio clase de inglés desde 1º de la E.S.O hasta 2º de bachillerato. No podemos decir que ella nos vio crecer, sino que nos enseñó a crecer. Yo la adoré desde el primer día, ¡es una persona tan entrañable! Podría decir que no solo obtuvimos un nivel cercano al C1 al terminar el instituto, aun si los primeros días teníamos pánico por tener las clases solo en inglés, sino que nos hizo reflexionar, aprender a escuchar las opiniones de los demás y tener una propia. Además de ello, nos formaba moral y éticamente como personas. Siempre miró por nosotros y se preocupó mucho, ¡incluso nos planificó un viaje de fin de curso a Londres! A ella siempre fue muy fácil contarle cómo me sentía o mis pensamientos, incluso mis cotilleos en las múltiples redacciones que nos mandaba. Me consta que el cariño hacia ella es generalizado, ¡toda la clase la tiene en muy alta estima! Es de estas mujeres que es tan tierna y amable que ni siquiera los chulitos se atreven a hacer de las suyas en sus clases. Transmite tanta paz y armonía su sola presencia, no tengo más que buenísimas palabras.
        D. Rafael Rodríguez Sánchez: ¡Qué cacho de pan! Hombre más bueno no hay en el mundo. ¡Qué pedazo de profesor y de persona! Soy tan afortunada de poder haber tenido clases con él por unos 3 o 4 años. Me dio ciudadanía, ética y filosofía. Sus clases eran muy entretenidas, siempre nos hacía plantearnos lo que íbamos viendo y participábamos mucho. Lograba ser cercano a nosotros y usar expresiones o ejemplos que pudiéramos entender mejor. Muy didáctico, siempre lo veíamos como Don Quijote de la Mancha por los pasillos, en vez de lanza portaba una pantalla plegable para proyectar algún video explicativo. Siempre tan amigable, tan alegre y sonriente. ¡Solo verlo por los pasillos sonriendo ya nos alegraba el día!
        D. Eduardo Bermúdez Cobos: ¡Edu! Es como un segundo padre, de hecho, me regaña más que el primero (en presente porque aún lo hace, y va para largo). Él era mi profesor de latín y griego durante el Bachillerato. No creo que sea posible aprender más de lo que lo hicimos en 2 años, ahora en la carrera con los conocimientos que él nos hizo conseguir me ha sido más que suficiente para poder empezar con una magnífica base sobre la que seguir construyendo. Siempre fue muy cercano con nosotros, sabe cómo llevarse bien con los alumnos y cómo llevarlos para adelante, aun en si estos no tienen disposición alguna. Siempre está disponible, siempre se implica mucho con sus alumnos, más allá de las asignaturas que competen. Es una persona única y para mí es alguien muy importante, alguien con quien sé que siempre podré contar para lo que necesite.

- ¿Qué mensaje les transmites a los alumnos del Instituto, para los que eres un ejemplo a seguir?
        Como estudiante eficaz, quiero compartir algunos consejos que tal vez puedan ayudar. Sé que la vida del estudiante parece difícil, los días a veces se hacen monótonos y pesados. A veces no valoramos las asignaturas que estudiamos, pensamos que no tienen ninguna relevancia en nuestra vida, ¡pero no es así! Todo lo que aprendamos, si lo interiorizamos bien, va a ser en nuestro beneficio.
        Obviamente, memorizar como un papagayo y resetear la mente después del examen, no sirve para nada. Sí, puede que saques un sobresaliente en el examen, pero ¿te ha aportado algo? ¿has conseguidos algo más que malacostumbrar a tu cerebro? El cerebro se va acostumbrando a las actividades mentales que repetimos, memorizar un párrafo puede venir bien en alguna ocasión, pero en niveles superiores, donde la materia sea mayor, va a ser muy difícil que uno se aprenda el texto con puntos y comas. Personalmente, jamás he memorizado algo sin haberlo interiorizado, es decir, sin entender lo que estoy aprendiendo y ser capaz de explicarlo.
        Cuando estoy estudiando me pongo a reflexionar, unir ideas, y, finalmente, me lo explico a mí misma de forma que alguien sin conocimientos previos pudiera entenderlo. ¿Sale bien? Perfecto, ese conocimiento está bien afianzado en la mente y no se olvidará fácilmente, aunque no lo recordemos constantemente, en el momento necesario saldrá.
        Si ves que un método de estudio no te funciona, prueba con otro, no te estanques. Depende la asignatura que estudiemos, el método puede variar. Cada uno encuentra el suyo tras los intentos necesarios, puede que no te vaya bien siguiendo el que le sirve a un amigo. Eso sí, siempre cero distracciones. Si estás estudiando y sacas el móvil cada 10 o 20 minutos, algo va mal.
        Sigue el ejemplo de la ranita. Creo que ya todos conocemos el cuento, pero lo resumo: Había muchas ranas en una carrera hasta la cima de una montaña, una de ellas era sorda. Al empezar, todas las ranas empezaron con brío, pero fueron desanimándose al escuchar los comentarios de las demás ranas que les decían que no podrían. Una a una fue rindiéndose hasta que la ranita sorda ganó porque no había escuchado lo que dijeron las demás.
        Es decir, no te dejes llevar por lo que hagan o digan los demás. Es imprescindible y es la clave para el éxito. Muchas veces pasa que escuchas cómo la gente dice que un profesor pone notas bajas, que algo es muy difícil o que es imposible, y eso ya nos condiciona negativamente incluso antes de haber vivido la experiencia. Además, es muy típico en épocas de exámenes que unos comenten que llevan ya mucho estudiado, que si tal parte ocupa mucho tiempo, que si es para morirse, etc. ¡No hagas caso de eso! Cada uno tiene una manera de proceder, cada uno necesita un tiempo diferente, etc. Cada persona es un mundo y la manera en que su cerebro asimila la información es igual. Lo fundamental es que uno sea capaz de conocerse a sí mismo lo suficientemente bien como para saber qué tiempo necesita, qué método seguir, etc.
        Prepárate la asignatura no para un 5, sino para un 20. Pero no pienses en ello como un suplicio, sino como algo que te va a permitir aprender muchísimo más y mejor. Por cierto, ni qué decir, si tienes alguna duda, nunca te cortes a preguntar en clase, son los profesores los mejores para ayudarte. No te avergüences por lo que pensarán los demás, los conocimientos perduran, mientras que la opinión de los demás en algún momento dejará de importarte.
        Por último, una vez te conozcas a ti mismo, sé positivo y confía en ti. No vayas con miedo a ningún examen o a alguna presentación, los nervios no harán más que empeorarlo todo.

- Y por último ¿A qué profesores les mandarías algún saludo?

        ¡A todos! 

SECCIÓN 6. SOBRE SEVILLA
SEMANA SANTA EN SEVILLA
POR MARINA RAMÍREZ ALEJANDRE. 1º DE BACHILLERATO.
            La Semana Santa en nuestra ciudad es el momento en que la Sevilla cristiana sale a la calle a profesar su fe con la pasión contenida durante un año y con el sentimiento a flor de piel. Siete días llenos de cera, túnicas y capirotes que el sevillano espera con gran anhelo y con los que llega la gloria a la capital.

En esta semana, Sevilla muestra sus dos caras: una jovial, de palmas, piropos y vítores y otra, lúgubre, mortecina y de silencio. Las dos se complementan y cada cual impresiona a su manera. 

Desde pequeña me he criado siendo partícipe de esta gran semana, pero no ha sido hasta ser más mayor, que he entendido lo que implicaba. Ahora más que nunca siento esos nervios cuando se acerca el gran domingo y como cuando era una niña, la ilusión que suponía ver al primer cofrade, ya no con la intención de pedir caramelos sino con el pensamiento de que algo grande se acercaba.

            Puedo decir que hay pocas cosas que me emocionen, pero en esta gran semana acontecen instantes que te marcan para siempre. Quién no se ha emocionado al despedirse de la procesión de su barrio, cuando las puertas de la iglesia se cierran para no abrirse igual hasta pasada lo que parece una eternidad, al ver a los más inocentes con la ilusión por salir de nazarenos o al acompañar a Dios mismo cuando se pasea por las calles como uno más. A mí, en Semana Santa me conmueve hasta el olor a azahar.
         
Incluso escribiendo ahora rememoro momentos vividos en esta pasada semana y no puedo evitar sentir ya nostalgia y tristeza porque cuando paseo por el centro de Sevilla ya no hay el bullicio de hace apenas siete días; los restos de cera se van borrando del asfalto; los palios ya están desmontados y ya no se ven nazarenos camino de sus iglesias. Sin embargo, es bonito pasar por las distintas calles y recordar cada una de las vivencias cofrades vividas en ellas.

            Pero sin duda alguna, todo sevillano que haya vivido el salir de nazareno sabe que no hay nada igual, que no hay cosa que pueda compararse al entusiasmo y a los inquietantes sentimientos que te recorren el cuerpo horas antes, cuando uno se pone la túnica, porque desde ese momento, empiezas a formar parte de Sevilla y su tradición. Para mí, siendo y sintiéndome sevillana como soy, no hay nada más grande que eso.

            Ahora que todo ese cúmulo de sentimientos ha pasado, no puedo evitar seguir soñando con el sonido de las bambalinas, la voz de un capataz, el quejido de los costaleros y alguna que otra marcha que resuena con insistencia en mi cabeza. Ahora miro a la Giralda y espero deseosa volver a  verla brillar iluminando el camino de Cristo por las calles de mi querida Sevilla.

            Puede que escriba desde la ceguera de alguien enamorada de su ciudad, pero lo siento así y afirmo sin reparo que no hay lugar como Sevilla en Semana Santa.



SECCIÓN 7. FRANCÉS
QUELQUES CARACTERISTIQUES DU SYSTEME EDUCATIF FRANÇAIS
POR MANUEL GORDO ANGULO. 3º DE ESO.

Même si l'Espagne et la France sont des pays voisins, leurs systèmes éducatifs sont assez différents.
Le système éducatif français repose sur les lois de Jules Ferry,un ministre républicain qui est consideré le père fondateur et le plus haut représentant du système éducatif gratuite, laïque (tous les objects religieux sont interdits dans les centres scolaires) et obligatoire de 6 à 16 ans.
Les enfants en France peuvent commencer leur étape d'apprentissage à 3 ans, dans une institution pas obligatoire qui s'appelle ''l'école maternelle''. À 6 ans, tous les enfants doivent commencer l'enseignement primaire, une étape de 5 ans qui est realisée dans des centres scolaires appelés «les écoles». Pendant ces années, les élèves reçoivent les connaissances fondamentales pour des matières futures.
Système français
Système espagnol
Âge
Terminale (Lycée)
Segundo (Bachillerato)
17-18
Première (Lycée)
Primero (Bachillerato)
16-17
Seconde (Lycée)
Cuarto (ESO)
15-16
Troisième (Collège)
Tercero (ESO)
14-15
Quatrième (Collège)
Segundo (ESO)
13-14
Cinquième (Collège)
Primero (ESO)
12-13
Sixième (Collège)
Sexto (Primaria)
11-12
Cours moyen (CM2)
Quinto (Primaria)
10-11
Cours moyen (CM1)
Cuarto (Primaria)
9-10
Cours élémentaire (CE2)
Tercero (Primaria)
8-9
Cours élémentaire (CE1)
Segundo (Primaria)
7-8
Cours préparatoire (CP)
Primero (Primaria)
6-7
Après avoir fini l'enseignement primaire, les adolescents doivent passer à l'enseignement secondaire, qui est divisé à son tour en deux cycles. Le premier cycle est une période de quatre années, où les adolescents approfondissent leurs connaissances de matières variées dans des centres appelés ''les collèges''. En troisième, qui est la dernière année du collège, les collégiens doivent réussir un examen officiel appelé ''Brevet des Collèges''. Le deuxième cycle est une période de trois années qui est realisée dans des établissements nommés ''les lycées''. Pendant ces années, les adolescents se spécialisent dans certaines matières. En terminale (la dernière année du lycée) il faut réussir un examen officiel, le baccalauréat, qui, en Espagne, serait similaire à la «Selectividad».
Après ce diplôme, les adolescents peuvent faire des études à l’Université.

            La journée scolaire française a aussi des différences par rapport à la journée espagnole.

La différence la plus significative entre les deux journées c'est qu'en France, les élèves n'ont pas de collège  le mercredi après-midi. Les autres jours de la semaine ils travaillent jusqu'à l'après-midi .Les élèves ont des heures libres pour s'en aller chez eux et manger, mais s'ils ne peuvent pas y aller, ils peuvent manger à la cantine du collège aussi. Après avoir mangé, ils doivent retourner en cours jusqu'à une heure qui dépend pour chaque intitution. Avant il y avait beaucoup de collèges qui faisaient travailler aussi le samedi matin, mais maintenent, c'est très rare.

En France il y a des vacances et des jours feriés qui sont les mêmes qu'en Espagne (comme les vacances d'été, les vacances de Noël ou le Jour du Travail), mais il y a aussi des vacances différentes (les vacances d'hiver et les vacances de printemps).

Pour régler ses vacances (deux semaines), la France est divisée en 3 zones, A,B et C. La zone A commence ses vacances; quand la zone A a déjà été une semaine en vacances, la zone C commence ses vacances; et quand la zone A a fini ses vacances et la zone C a déjà été une semaine en vacances, la zone B commence les siennes.

À la fin, nous avons presque la même quantité de jours en vacances, parce qu'en Espagne, les vacances de Noël et d'été sont plus longues qu'en France.

SECCIÓN 7. EVENTOS

ALGUNAS NOTICIAS, ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES





















SECCIÓN 8. JUEGOS, PASATIEMPOS Y HUMOR.
POR MARÍA PABLO MONTALBÁN. 1º DE BACHILLERATO


POR MARÍA PABLO MONTALBÁN. 1º DE BACHILLERATO D.